Se denomina ideación autolítica a la presencia persistente en el sujeto de pensamientos o ideas encaminadas a cometer suicidio, de ahí que se diga cuando la tentativa es joven, su drama es viejo. Lejos de incitar las palabras que componen este poemario, en defensa del mismo, digo que mi poesía es una sencilla mirada hacia este problema primario, el suicidio, sobre el que dicen los expertos que es un fenómeno que conlleva la ideación y conducta suicidas en un contexto de problemas vitales-mundanos de las personas. Lo preocupante es que según la OMS hay en el mundo casi un millón de suicidios al año y, de ellos, muchos son jóvenes de entre 15 y 29 años. Es la segunda causa de muerte en estos jóvenes que, en mayor o menor medida, han mostrado síntomas suicidas según la gravedad sufrida por sus problemas mundanos o dramas sociales cotidianos. Este poemario lo he concebido a modo de meditación sobre algunos flecos minoritarios que se forman en los ideales de la existencia colectiva, sin ánimo de crítica, sin ánimo de mostrar que el verso es a imagen y semejanza ni mucho menos, solo es una posible manera de mirar la cosas, de observar el círculo funcional que dicen se compone del organismo y un cierto mundo; es decir, yo y el mundo que me rodea, yo y la realidad que yo veo y que conforma en mayor o menor medida la mitad de mi persona. Qué difícil se me hace escribir sobre este cierto mundo a pesar de tratarse solo de dar respuestas a los estímulos, pero no soy filósofa sino poeta, por eso miro a la tierna hierba en este poemario cómo despliega día y a día sus brotes y me pesa el corazón más todavía. Es con el verso y no con la narración como consigo la metáfora esencial de la que hablara Ortega y Gasset, con el que coincido en decir que, nos hace vivir la tensión de la existencia mientras caen lentamente las hojas del calendario… Palabras, palabras y más palabras que nos curen de tantos lamentos.
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